La ilusión del confort:
Lo que no cupo en mi artículo de Infobae

Hace unos días publiqué en Infobae un análisis sobre la neurobiología del agotamiento invernal . Allí expuse cómo el acortamiento extremo de los días choca de frente contra las exigencias atencionales de nuestro entorno digital hiperestimulante. Sin embargo, el formato masivo nos obliga muchas veces a dejar fuera reflexiones estructurales más complejas. Hoy quiero profundizar en el verdadero problema detrás de este agotamiento estacional: la pérdida de nuestra definición estructural de Salus.
La verdadera etimología de la salud La palabra salud tiene sus raíces directamente en el latín salus (y su forma genitiva salutis). En la antigua Roma, salus era un concepto notablemente amplio y pesado que no significaba meramente la ausencia de enfermedad. Se traducía como salud, seguridad, bienestar y salvación, compartiendo una raíz etimológica con la palabra latina salvus, que significa «seguro», «ileso» o «intacto». De hecho, Salus era una deidad romana de la seguridad y el bienestar, no solo del individuo, sino de todo el Estado (Salus Publica).
Por lo tanto, en su núcleo etimológico más profundo, la salud no es un estado médico, sino un estado estructural. Tener salud es estar intacto. Es la condición de tener todas tus partes enteras, integradas y a salvo de la fragmentación.
La falacia de la comodidad y el síndrome de los Lotófagos La definición estándar de la Organización Mundial de la Salud, «un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades», es útil, pero es demasiado estática. Implica una especie de confort permanente que bordea peligrosamente la apatía de los Lotófagos. (digresión por Ulises)
Una definición verdaderamente amplia e integrada de salud debe tener en cuenta la fricción de la realidad. La salud no es un punto final estático; es una capacidad dinámica. Y esta dinámica se sostiene sobre tres pilares fundamentales:
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La línea base metabólica y cronobiológica: A nivel celular, la salud se trata completamente de tiempo y flexibilidad. Es la capacidad del sistema biológico para mantener el equilibrio mientras procesa los factores estresantes inevitables de la existencia. Es la alineación de los ritmos circadianos, el manejo eficiente del cortisol y la modulación de la inflamación. La verdadera salud metabólica no es la ausencia de estrés, sino la resiliencia del sistema y su eficiencia para recuperarse de él. Es la maquinaria física operando correctamente en el tiempo y el espacio.
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La fricción somática: Estructuralmente, la salud es la capacidad del cuerpo para interactuar con la gravedad. Es la densidad ósea y la estabilidad articular necesarias para soportar el propio peso, la resistencia cardiovascular para soportar el trabajo físico y el disparo neurológico requerido para moverse por el mundo físico. Son los callos en las manos y la capacidad de los músculos para reconstruirse después de la resistencia.
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La integración psicológica y alquímica: Psicológicamente, la salud es el estado de Coagula. Es la densidad cognitiva que proviene de tomar décadas de observaciones fragmentadas, búsquedas intelectuales errantes y experiencias clínicas, e integrarlas en un sistema operativo cohesivo e inquebrantable. La salud mental no es la ausencia de melancolía ni la negación de la tragedia; es la capacidad de observar la realidad —incluyendo la envidia, el ruido y los barcos naufragados— con un desapego absoluto y soberano.
Conclusión La trampa de la modernidad es buscar la comodidad estática de los Lotófagos. Una definición muy amplia de salud es esta: el estado de estar fundamentalmente intacto. Es la capacidad física, metabólica y psicológica de absorber la gravedad del mundo sin romperse, de mantener la arquitectura interna contra el caos externo, y de poseer la energía necesaria para gobernar tu propio reino.
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