El camino del infierno está empedrado con buenas intenciones.

Esta semana un medio me pide que hable sobre resiliencia justificando el pedido ya que se había creado una oficina gubernamental para «ocuparse de la resiliencia» (sic). Ante mi descrédito busqué información y efectivamente había sido anunciada en el Boletín Oficial (RESOL-2022-122-APN-JGM ) del 10 de este mes y ya tenía un funcionario designado a cargo: Fernando Melillo. Al buscar quién era veo que es presentado como docente y psicólogo, y antes fue subsecretario de medio ambiente y en otra oportunidad funcionario del Ministerio de Trabajo. Horas después, el mismo medio me avisa que la oficina no será creada, y deja sin efecto la nota.

Los tiempos de la noticia son extremadamente efímeros pero coherentes con la solidez y seriedad con que se abordan los temas fundamentales, ya que sin duda la resiliencia lo es.
Definir resiliencia llevaría a una extensa exposición, pero en honor a la brevedad, con los inconvenientes que implica, es un término nacido de la física que en las ciencias del comportamiento refiere a las capacidades del individuo de readaptarse, volver, superar instancias de crisis. Refiere a fortalezas y capacidades, especialmente las que hay en lugar de centrarse en lo que no.

El efímero designado, al hablar del origen de la iniciativa, contó: «Tuve un breve diálogo con el Presidente en diciembre, le gustó la idea y me dijo que fuéramos para adelante». La novedosa idea habría surgido a dos años del inicio de un cambio fenomenal en la sociedad cuyas consecuencias en el bienestar fueron ignoradas y hasta estigmatizadas. La referencia a la conversación que habría dado origen confirma las oposiciones a esta extraña creación.
Sin duda, nuestra sociedad necesita abordar ese tema, pero abordar significa previamente comprender. Y no parece que una oficina podrá abordar un problema transversal, estructural, en un país entre otras cuestiones empobrecido. La sugerencia a una persona de «metele para adelante» (seguramente, la respuesta si la cita es correcta), denota el nivel de comprensión y al igual que otras estructuras costosísimas y cruelmente ineficientes, crear una escenografía para declamar ocuparse del tema, para no hacer nada. La escenografía muestra un camino, pero caminar por él implica una caída al vacío.

La ansiada resiliencia se basa en una gran cantidad de factores, como se puede ver en los índices anuales de felicidad, por ejemplo, que llevan a un estado interno individual y colectivo de bienestar, de resiliencia. Esos factores son cada vez más olvidados, vulnerados y como se usa actualmente invisibilizados.

Un factor concreto es que la sociedad padece desde hace años un menosprecio por el campo de la Salud Mental, expresándose esto mediante la falta de estructuras adecuadas a nuestra realidad, así como en el deterioro y desinversión de las existentes e inclusive en leyes que atentan contra la posibilidad de abordar el tema en la manera que se presenta, otra vez la «molesta» realidad. A cambio, una insistente retórica, solo útil a quienes no conocen o no padecen sus graves y urgentes problemas, ya que sin duda si algo es invisibilizado es el estado anímico, mental, psíquico de la población. A menos que imaginemos que el plan sea opuesto al deseado por todos, con lo que estaría funcionando de manera muy eficiente. La enfermedad mental, el malestar, se ha generalizado, ya no parece ser la excepción sino la norma.

Esa realidad, el incremento de todo tipo de patologías, las adicciones, las urgencias psiquiátricas extremas, la violencia endémica, las afecciones en la infancia y la tercera edad, incrementadas de manera exponencial por la sostenida crisis económica y social y luego por la interminable pandemia, es sistemáticamente ignorada. Solo a modo de ejemplo basta recordar que el comité de expertos creado para las estrategias en pandemia, no consideró a la salud mental parte de la salud, opuesto a la propia definición de salud.

Luego, tardíamente, agregarían un par de miembros del área sin repercusión en las estrategias que continuaron ignorando la salud mental, pero para poder declamar que el tema formaba parte de la agenda. El mismo presidente en una de las conferencias que prolongaban la cuarentena, decidió que el/ellos eran los que decidían qué era la angustia, y desde ya quién podía o no y cómo angustiarse. Al mismo tiempo, los casos progresivamente graves eran temas que no debían ni podían ser señalados en los medios.

Cuando se intentaba señalar el tema, la respuesta en medios, en «expertos», era de negación, prepotencia y hasta burla. Varios expertos, algunos pediatras apoyados por comunicadores, repetían con increíble hubris y carencia de empatía, que «a los chicos no les va a pasar nada». Quizás varios padres de niños nos pueden referir su experiencia personal y opinión al respecto.

Hay decenas de ejemplos y casos que en otras notas se han señalado, pero el sol que implica la realidad no puede ser tapado con las manos, o como en estos casos, con carteles, oficinas, cargos, declaraciones, sino en principio reconociendo que existe esa realidad. Esa, por otra parte, es la base del trabajo científico e intelectual.
La Argentina hoy y desde hace tiempo atraviesa una situación crítica, que repercute inevitablemente en la salud mental y eso emerge de múltiples y constantes maneras, no sólo cuando un famoso padece sus consecuencias, o un paciente psiquiátrico sin internación asesina a un policía.

Helene Deutsch hablaba hace casi un siglo (1940) de personalidades «como si» (as-if) y más tarde eso evolucionó a conceptos de otras estructuras disfuncionales de personalidad como el narcisismo o el Borderline, en la cual la realidad colisiona con los ideales del self.
Llevado al uso político de esas estructuras individuales y aparentemente ya instaladas en la política, lo único relevante es que algo se enuncie, declame, no que exista. Al mismo tiempo, sirve para desactivar toda acción al respecto, ya que esa comisión, grupo de expertos, grupo especializado, etcétera, se erigen como los rectores de esa temática y suponen ser los que establecen la norma, la única verdad, que buscará apagar toda otra voz.

Si se miran desapasionadamente emprendimientos que son solo declamaciones, mesas del hambre, oficinas de igualdad, resiliencia, de medios, del pensamiento etc., tienen la «ventaja» de buscar obtener los réditos (y los recursos especialmente), sin hacer, pero dictaminar qué es lo correcto y qué no, usando esto como instrumento ideológico, consignando que es una situación de victimización y que otra situación idéntica no lo es. No ocurre solo en nuestra sociedad. El ministerio de la Igualdad en España lleva un presupuesto del doble de Salud y educación combinadas (20.000 millones de euros).
En épocas de pandemia, evitar la discusión y evidencia científica, sacándola del lugar de la ciencia y dejándola únicamente en el terreno de lo mediático, fue una acción buscada, no espontánea.

La discusión científica o la de la realidad, implicaría aceptarla y no adaptarla a uno mismo, como ocurre en esas personalidades que mencionaba. Se dice que Galileo habría dicho «Eppur si muove» (sin embargo, se mueve) luego de su juicio en que abjuró el heliocentrismo, frente a la iglesia que sostenía como dogma que la tierra (ellos) era el centro del universo. La realidad se mueve por sí misma y no centrada en la mente de quienes creen ser elegidos egocéntricos.

Quizás si esos creadores de organismos miraran por sus ventanas, en lugar de solo sus pensamientos autorreferentes, solo en esta misma semana, verían ahí una realidad más dura: esa sociedad que ya no puede ser resiliente, desesperanzada y desesperada por soluciones concretas, y que la solución no será una oficina que genere afiches, campañas y posteos virtuales, alrededor de la cual toda la realidad se ajustaría.

 

Publicación original del 20/03/2022 en La Prensa: La resiliencia que no fue – Ciencia y Salud | Diario La Prensa

Para ver más notas de Enrique De Rosa en La Prensa: https://www.laprensa.com.ar/author.aspx?author=232

2 COMENTARIOS

  1. En el orden de la Naturaleza funciona a rajatable la Ley de Darwin, la supervivencia del más apto.Obvio, en la Naturaleza no hay ética ni moral.
    En los humanos la Ley de Darwin funciona de manera contradictoria. Hasta podriamos decir acorde a la mecánica cuántica, ya que solo podemos evaluarla mediante calculo de posibilidades sobre una base aleatoria.
    Nos inventamos narrativas o relatos sin base en la realidad material para poder cooperar entre millones creyendo en la misma mentira o verdad (religión, dinero, nacionalidad, amistad, amor, etc).Lo importante es tener la misma narrativa en común. «Pertenecer » a la misma sociedad con reglas similares (argentino, cristiano, de Boca, con hijos, similar clase social/cultural,etc).
    Resiliencia o enfermedad mental, lo normal o anormal, es relativo. Asesinar millones ,esclavismo, torturar, etc, era normal durante el 90 % de la historia humana. El pensamiento científico tal como lo entendemos hoy existe hace muy poco.Galileo, Copernico- elijan a quien quieran- eran religiosos y se manejaban con pensamiento mágico en todo. Descubrieron lo que descubrieron a pesar de ello, lo que los hace excepcionales.
    ¿ Podría Argentina funcionar con politicos , dirigentes,empresarios y sindicalistas tradicionales,etc, que quieran un pueblo sano mentalmente ? Sabemos que no. Sabemos que un pueblo sano mentalmente se encontraría con una contradicción difícil de salvar, una contradicción basada en la Ley de Darwin.Vería la realidad y sabría que para cambiarla debería adaptarse para ser el más apto .Ergo entrar en un mundo de enfrentamientos violentos. Guerra civil. Y nadie quiere eso.
    Seamos sinceros, hoy el 70 % de los argentinos apenas llega a fin de mes , el 50 % es pobre. Y sabe que sus hijos estarán peor.Y siguen creyendo en los relatos y narrativas de siempre porque cambiarlas implica dar pasos que no están dispuestos a dar. Dejemoslos tranquilos en su mundo de pensamiento mágico salvo que estemos dispuestos a ayudar en serio. A que entiendan que cosas hay que cambiar y se animen a hacer lo necesario para ello.

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