Iniciando las colaboraciones con el Diario La Prensa, comparto el articulo en relación al Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez

Este lunes 15 de junio como todos los años, desde la resolución de la ONU del 19 de noviembre de 2011, se conmemora el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez. Un día de conmemoración es aquel para recordarnos, que hay algo que ocurre, pero olvidamos y que nos debe llamar a la reflexión, pero especialmente a la toma de conciencia y a las acciones consecuentes, ya que, sin estas, pierde todo valor.

En general, de manera retórica, los ancianos son al igual que los niños aquellos que las sociedades más protegen y respetan. Sin embargo, en la realidad se encuentran como las poblaciones más vulnerables, más allá de sexo o nivel social, ya que atraviesa todas las capas en estas variables.

De manera general, son las poblaciones con menos voz, niñez y vejez, sometidas a todo tipo de violencia, pero sin que existan planes específicos o acciones colectivas, como sí existen en otras causas que adquieren notoriedad mediática.

Las formas de victimización en la vejez son tantas como su vulnerabilidad sea percibida. Este año en especial la ONU ha resuelto que el tema a remarcar, visibilizar decimos hoy, es el de la explotación financiera, económica, que padecen cantidad de ancianos, víctimas de todo tipo de estafas grandes, como es la famosa circunvención de incapaces, que es un «grooming» de un anciano. Es decir, supuestamente ocuparse de él/ella y «cuidarlo» para abusar de esa confianza en este caso y luego desposeerlo de bienes, muy habitualmente su vivienda, o la microestafa cotidiana, situaciones que lo llevan a extremos de aislamiento, pobreza y abandono.

El mismo abandono que se da una vez que al «adulto mayor» se le confiere un cambio denominativo, supuestamente para respetarlo, pero que sigue siendo en realidad «viejo», es decir descartable en una sociedad que valora lo nuevo y útil desde una óptica utilitaria. O padece -como tristemente en algunos casos recientes- la negligencia y el abandono que implica dejarlo en depósitos que bajo la cobertura de cuidados de excelencia, se descuida, incurriendo a veces en negligencia dolosa, sabiendo que padecen enfermedades que los vuelven aún más indefensos.

El planteo de fondo es cómo gestionar un mundo en el que la expectativa de vida ha ido aumentando y, al mismo tiempo, no cambia sus modelos paradigmáticos más allá de cambiar la etiqueta de «viejo» por adulto mayor. No parece que el cambio de denominación implique el cambio conceptual.

De alguna manera, se han vuelto un estorbo en un mundo que mide las variables rendimiento o beneficio. Aquí no hay ganancia, aquí no hay otra cosa que conciencia del destino humano y la necesidad de ejercitar esa otra palabra tan usada y no practicada, la empatía. Sabemos que estaremos más temprano o tarde en el mismo lugar, pero preferimos ignorarlo por el miedo que nos genera. Tendemos a pensar que esta tarea es de los gobiernos, de todos, por ende, de nadie, eventualmente: ¿qué puede hacer uno?

Sin embargo, podemos hacer una enorme cantidad de cosas. La primera, salir de esa idea de objeto, viejo, de algo que no tiene sentido utilitario y al no tenerlo es una carga. Varios son los que se han expresado conforme al hecho de lo dificultoso que representa sostener a una población que vive muchos años, y sin producir sigue consumiendo. Denostar, señalar y estigmatizar estos conceptos, implica
evitar que continúe un cambio cultural que impulsa a considerar valioso solo aquello que representa una ganancia.

En este sentido, es mucho lo que se puede hacer. Entender que la vejez es un estado de conciencia más que uno cronológico, está apoyado por la biología inclusive.

Este día quizás sirva para recordarnos que «ellos» somos nosotros, en un instante, solo que a veces preferimos no verlo. Quizás allí nos acordemos

Origen: Acordándonos de nosotros mismos – Ciencia y Salud | Diario La Prensa

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