Comparto la nota en el Diario La Verdad de Junín

Relato del Olvido-La Verdad Online

La noticia contaba que pasaba en China, aprendimos que había una localidad Wu Han. Pronto otra palabra se asoció, el coronavirus, nos contaban que era un virus desconocido, que enfermaba mucha gente y se empezaba a hablar de muertos.

Como todo relato, no sabemos si esto era un recuerdo cronológico o creemos que efectivamente recordamos algo de diciembre de 2019, aunque en realidad ya habiendo pasado las fiestas, y entrando en el 2020. Sin embargo, no nos ocupamos de las vacaciones o del un nuevo gobierno, sino que las noticias nos hablaban de un joven asesinado en Villa Gessell.

Un día nos enteramos, (¿o recordado?) esas palabras ya que nos avisaban que esa localidad China había sido cerrada y más tarde, a finales de enero, que habría casos en Europa y ya fuera del “lejano” Oriente.

El 30 de enero, un mes más tarde, la OMS declara la alerta internacional. Las primeras señales de alarma de algo que estaba en China, pero ya nos tocaba de cerca, aún más en Italia, luego España tan cercanas a nosotros.

Pero todavía no figuraba activamente en nuestras noticias, y volvimos a olvidar.

Un día 2 de marzo, aquí, un hombre llegado de un viaje es diagnosticado como positivo para el Virus Chino, que ya no estaba en China. Hasta ese momento la posibilidad de la epidemia China era de ellos y de otros países extrañamente.

A partir de allí nuestro relato se acelera y cobramos conciencia progresiva y vertiginosamente.

El 19 de marzo se anuncia la implantación de algo que nos llenaba de asombro por su coincidencia, en cuaresma en la que recorríamos el camino que culminaría en semana santa se instala una palabra similar, nos avisan de una cuarentena. Esta vez objetiva y obligada, no ligada a la fe.

Nadie había vivido eso. ¿De qué se trataba realmente?

La misma luego sería extendida y ya cerca de esta última extensión (otra), se decide que para “proteger” a los “adultos mayores” se les impediría la salida de su casa. La medida, en medio de la invasión de bárbaros que se avecinaba, nos anunciaba que un comité que tomaba decisiones por el bien de otros, no estaban en condiciones de tomarlas.

El control era por su bien, ya que este intento suponía la incapacidad como personas mayores de 70 años. Eso borraba no solo de un plumazo el ultimo código civil, que presume la capacidad y nadie debe probarla sino lo contrario, sino algunos aspectos que nos llevan al pasaje por un ciclo de la cuaresma, que termina en la resurrección de algo nuevo, de un nuevo ser, no de un ser viejo, transformado en un número, la edad cronológica, en objeto descartable, sino el nuevo ser lo mejor de nosotros.

La ciencia, la medicina tiene bien en claro que la edad biológica y la cronológica son diferentes. Una persona de 40 años infartado y con enfisema por fumar tiene varias veces más riesgo que uno de 75 con vida sana. Son hechos, no palabras.

El otro ya era viejo, descartable y necesitado de asistencia en la toma de decisiones. Nos dimos cuenta que habíamos “olvidado” a otros que si necesitaban de esa misma franja etaria de nuestra asistencia, los habitantes de los geriátricos o más habitualmente geronto-psiquiátricos.

Y los recordamos de la manera más cruel, al menos 30 seres habrían podido ser infectados por Coronavirus, nadie los protegía, estaban olvidados en un lugar del abandono. Y allí ni el dinero y el lujo los protegió de estar desamparados, olvidados y desprotegidos.

Es solo un emergente de una serie de historias de epidemia que deberemos ir elaborando, ya que por debajo se trata del ser en su manifestación más elevada, la compasión, la empatía, el amor, porque no decirlo por el otro.

¿Amamos al prójimo?
¿O solo olvidamos?

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