Esta semana, Infobae publicó un artículo analizando los hábitos que pueden retrasar el deterioro cognitivo, haciéndose eco de mi perspectiva clínica integral frente al Alzheimer y el informe 2024 de The Lancet.
El dato central es contundente: cerca del 45% del riesgo global de demencia se vincula con factores potencialmente modificables, desde la hipertensión y la diabetes hasta el aislamiento social y la depresión.
Como señalé en la nota, la prevención y el abordaje del Alzheimer requieren una mirada que exceda lo puramente biológico. Poner a la persona y a su entorno en el centro de la atención es innegociable. Controlar los factores de riesgo clínico es solo un lado de la moneda; el otro es la construcción de redes de apoyo robustas y el sostenimiento de actividades significativas. Estas acciones son el verdadero complemento del tratamiento médico para preservar la autonomía y erradicar la soledad en la vejez.
Los invito a leer la nota completa para comprender cómo estos hábitos diarios moldean nuestra salud cognitiva a largo plazo:
